Las enfermedades cardiovasculares son la causa de muerte principal en todo el mundo. Los lugares de afectación son el corazón y el sistema nervioso central. Pero en concreto, a partir de la edad media de la vida (adultos mayores de 35 años) las enfermedades cardiovasculares son la principale causa de muerte súbita.
La muerte súbita ocurre principalmente cuando hay factores de riesgo cardiovascular, y la causa es predominantemente por una isquemia cardiaca aguda (angina o infarto). Es especialmente dramático, según muchos puntos de vista, porque ocurre en personas con afectación inicial o enfermedad precoz… y se les considera relativamente jóvenes para una enfermedad grave o que fallecen “sin aviso previo”.
Para disminuir el riesgo cardiovascular, practicar actividad física con regularidad y estar en buena forma es un factor protector a medio y largo plazo. Las personas que practican ejercicio adicionalmente suelen llevar un estilo de vida más cardiosaludable (tienen menos factores de riesgo cardiovascular).
Sin embargo, hay que saber que en el momento de estar realizando ejercicio vigoroso existe un aumento relativo del riesgo de enfermedad a corto plazo (se facilita la producción de isquemia y arritmias cardiacas comparado con el reposo).
Aparte del estado cardiovascular de la persona, existen situaciones y factores de riesgo relacionados intrínsecamente con el ejercicio y el deporte. Para controlar el riesgo cardiovascular el deportista debe conocer los factores y situaciones de riesgo específicamente.
TEMPERATURA: Sólo por realizar ejercicio a alta temperatura ambiental se genera un estrés orgánico (incluso si no existe deshidratación ni alteración de los electrolitos). En caso de exposición corporal a una temperatura elevada es necesario mayor bombeo de sangre a la piel y respirar más rápido, para aumentar la disipación del calor corporal por medio de la irradiación cutánea y la evaporación (de sudor cutáneo y de agua a nivel pulmonar). Esto necesita aumentar el bombeo de la sangre y produce mayor frecuencia cardiaca.
DESHIDRATACIÓN: produce una disminución del volumen efectivo de sangre con lo que para controlar la temperatura y para irrigar los músculos suficientemente es necesario aumentar la taquicardia. La frecuencia cardiaca es un determinante principal del trabajo cardiaco (junto a la tensión arterial). Cuanta mayor taquicardia, mayor trabajo cardiaco. Además, la deshidratación se suele acompañar de alteración en los electrolitos.
ALTERACIÓN ELECTROLÍTICA: con el ejercicio intenso y prolongado se pierden líquido y electrolitos. También el trabajo muscular libera potasio y ácido láctico a la sangre. Todos estos factores van produciendo fatiga muscular, sensación de malestar en el sistema nervioso central y facilita arritmias cardiacas.
Lo más ejemplificador de la alteración analítica es lo que ocurre en el síndrome del “golpe de calor” que produce daño muscular, daño (incluso fallo) multiorgánico grave (a nivel de riñón, corazón, pulmón…)
INTENSIDAD RELATIVA DEL ESFUERZO: La intensidad del ejercicio y el estrés de la situación se correlaciona con la frecuencia cardiaca y la tensión arterial (esos ambos factores condicionan la exigencia de trabajo que tiene que bombear la sangre el corazón) producidas durante el ejercicio. Un ejercicio máximo con un corazón sano es raro que pueda producir problemas.
Si existen factores de riesgo cardiovascular es posible que el ejercicio vigoroso conlleve riesgos. El riesgo es que haya una obstrucción de alguna arteria coronaria causada por una placa de ateroma, y que al hacer un esfuerzo la frecuencia cardiaca y la tensión arterial generadas produzcan un trabajo mayor que lo que puede irrigar esa coronaria obstruida (si se produce una isquemia en una parte del miocardio se puede producir una arritmia grave o un infarto). Otro riesgo es que rompa una placa de ateroma y se trombose la arteria interrumpiendo la circulación. Los esfuerzos próximos al máximo de la capacidad posible tienen más potencial de mejorar la forma física, pero tienen más riesgo de complicaciones.
En resumen, el riesgo cardiaco del deportista viene dado por la combinación de varios factores:
- Temperatura corporal.
- Deshidratación.
- Alteración de electrolitos.
- Intensidad relativa del ejercicio.
Para controlar estos factores se necesita que la persona que realiza ejercicio considere:
- Temperatura ambiental y equipamiento.
- Preparación del equipamiento deportivo (cambios de ropa, hidratación y nutrición).
- Nivel de esfuerzo exigido por la actividad a realizar.
En conclusión, un deportista preparado conseguirá realizar ejercicio controlando el riesgo que este produce e irá mejorando su salud.